SUSPENDIDO EN EL CIELO

Toño era la vida desatada, sonriente, en avalancha, dando brincos y chillidos alrededor de la plaza y de pronto, se nos ha ido.

Parece que tiene sentido la advertencia que le lanzó durante tantas Morismas “el pecado” : -¡Oh, astro infeliz!

Trini , viuda, creó con su coraje y sensibilidad un tesoro para él y  sus hermanas Chus y Emilia, un hogar que irradiaba alegría y vitalidad más allá de los rellanos del caserón.

Luego subió montañas, navegó los rebufos de aguas blancas y no quedó un rincón de la comarca que no escudriñara con sus ojos limpios y la frente sudorosa.

Sus amigos lo recordaron en su funeral suspendido en el cielo durante un remate de cabeza imposible…

Insisto en encontrarlo y busco entre los canales anaranjados del atardecer de la Peña Montañesa, pero pienso que antes estará en la mirada de Miguel, en la serenidad de Ana,

¡Adiós, amigo!, alguien, aún desconsolado, te volverá a gritar este verano al anochecer durante tu escena : -¿Cómo duermes…?

Seguro que respondes: -¡Jamás he dormido!